Cuando llegué a casa del trabajo, Matías nuestro hijo de 10, me estaba esperando para hablar. Me comentó que había un niño de su salón que lo empujaba,  lo insultaba y llamaba de manera grosera a su mamá (mi esposa). Él ya le había dicho muchas veces que parara, incluso una vez que lo empujó, le devolvió el empujón. También había probado decirle muchas veces a su maestra, pero ésta solo le contestaba que aprendiera a resolver sus propias cosas. Matías me dijo que quería defenderse, que él sabía Karate, y ya otros varones estaban empezando a burlarse con él. Matías no quería contarle mucho a mi esposa porque sabía que ella probablemente le iba a decir: – Matías, con violencia no se arreglan los problemas hijo, mejor habla tranquilamente con ese niño –

lo que él sabía que no funcionaría ya que ese niño no estaba interesado en hablar sino en pelear. Así que pensé…si no se defiende lo van a seguir fastidiando, si se defiende físicamente probablemente se meta en problemas, ha tratado de resolver el asunto solo y no ha podido, ha pedido ayuda pero la maestra no ha hecho su parte…entonces le dije: hijo, tu eres un excelente karateca, no dudo que puedas tumbar al piso a ese niño, y sinceramente eso es lo que provoca,  pero violencia lo que trae es violencia. Creo que es mejor que le digas viéndolo a los ojos con cara seria y voz fuerte: -hasta ahora no te ha pasado nada, pero si me vuelves a fastidiar, ten la seguridad que te vas a meter en problemas, así que no te conviene-

Dile también a la maestra: -este niño tiene tiempo fastidiándome, le he pedido que pare muchas veces, incluso me defendí devolviendo un empujón, le he dicho a usted muchas veces y me ha dicho que lo resuelva yo, traté, pero no he podido, así que hablé con mi papá y me dijo  que confiaba en que usted hablaría con este niño y con sus papás y estaría pendiente de que esto no volviera a pasar, sino mi papá tendrá que pedir una cita con la coordinación del colegio y si no nos ayudan como es su deber con la dirección o incluso con una cosa que se llama consejo de protección que queda fuera del colegio, que protege a los niños con la ley, incluso cuando en su casa o en su colegio no los cuidan bien.

Matías y mi esposo practicaron varias veces frente al espejo como les debía hablar tanto al niño como a la maestra, cuidando de recordar los detalles importantes. Finalmente lo hizo, nos dijo que estuvo un poco nervioso, pero funcionó. El niño se volvió a burlar de él, por supuesto, pero la maestra, hizo su parte, se encargó de llamarle la atención y de citar a los padres de éste niño, quien ha parado las burlas con nuestro hijo y con otros, al darse cuenta que las mismas ya no pasaban desapercibidas a los adultos responsables. Matías feliz le hizo un dibujo hermosísimo a su papá con un traje de superhéroe, en el que escribió: “papi eres super, que bueno que te conté”

Despedimos este post con Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, quien nos regala este pensamiento a todos los papás “No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte, como la de protección de un padre”