Carlos nuestro hijo de 16 años está aprendiendo a manejar, está emocionadísimo, se siente un tipo grande, ya no es, ni será más, un niño como su hermanito José Miguel. Carlos, tiene una novia a la que le encantaría mostrar sus nuevas destrezas en el manejo, ¡sin nosotros por supuesto! pero aún no le permitimos manejar solo, ya que todavía no tiene licencia.

Carlos no aguanta la tentación y aprovecha un momento en el que salimos para irse a casa de Gabi, su novia. Pero al prender el carro José Miguel (su hermano menor) le toca el vidrio y le dice que está “DESCUBIERTO” y que si no quiere ser acusado tendrán que llegar a un “acuerdo”, así que le pide que lo lleve a buscar la película de terror que no le compramos, por considerarla no apta para su edad.

Carlos cede ante el chantaje de José Miguel, lo lleva a comprar la película, pero al llegar a la casa ¡oh sorpresa! ve que llegamos mucho antes de lo esperado…

Después del susto y la rabia cuando no vimos el carro ni a ninguno de nuestros dos hijos decidimos respirar, para evitar pegar el grito que teníamos apretado en la garganta, insultarlos o incluso llegar a golpearlos. La verdad es que hemos aprendido prácticamente por ensayo y error que un abordaje autoritario, retaliativo y confiscador, en el que les gritemos, los insultemos y les prohibamos un montón de cosas no funciona, les hace daño, no les deja claro el mensaje de lo que esperamos de ellos y el porqué es inadecuado lo que hicieron y en definitiva termina afectando negativamente nuestra relación.

Cada situación cotidiana nos habla de ellos y de nosotros. ¿Por qué nos desobedecieron? ¿les explicamos las razones por las que les prohibimos ciertas cosas?, Todo esto puede abordarse desde la conversación franca con los hijos y fue lo que finalmente hicimos.

Evidentemente, también es importante establecer consecuencias por sus actos e invitarlos a que den sus propias ideas. El mismo Carlos sugirió suspender temporalmente las clases de manejo lo que postergaría el sacarse la licencia y la posibilidad de manejar solo y a José Miguel se le ocurrió lavar con su hermano el carro en el que fueron descubiertos infraganti. Esto es lo que entendemos POR DISCIPLINA POSITIVA, trabajosa, si, beneficiosa para todo el grupo familiar, más.

Despedimos este post, con la reflexión del psicoanalista infantil Bruno Bettelheim, en la que nos señala:

“una solución que satisfaga tanto a los padres como a los hijos sólo es posible cuando aquellos hayan dado crédito a los deseos y puntos de vista de éstos. Sin embargo, conceder crédito a los pensamientos y deseos de nuestros hijos, no significa que tengamos que aceptarlos como prácticos, cuando satisfacerlos sería erróneo o peligroso”