Tengo un trabajo tiempo completo. Me despierto de madrugada, preparo las loncheras y los almuerzos de las niñas y el mío, me visto, me maquillo, las despierto, les doy desayuno, las ayudo a arreglarse para el colegio, las llevo a clases y me voy al trabajo.

Una mañana me llamaron del colegio pidiendo que fuera a buscar a la menor porque se sentía mal, esa misma mañana me iban a supervisar para ver si era apta para un ascenso laboral. Esto coincidió con que en el colegio de mi hija los niños estaban haciendo un regalo para el día de los padres y justo ese día, ella al despertar me dijo que estaba triste porque tenía mucho tiempo sin ver a su papá.

Temprano no había presentado ningún malestar físico, yo sabía que el dolor tenía que ver sobre todo con su papá. Pedí que la pusieran al teléfono a ver si la podía calmar un poco, pero ella lo que quería era salir de allí, que la fuera a buscar. No me daba chance, así que le pedí a mi mamá que por favor se acercara al colegio y la acompañara mientras yo llegaba.

Cuando llegué estaba un poco más tranquila, hablamos del asunto y le pregunté si había alguien a quien le gustaría regalar lo que estaba haciendo en el colegio, en vista de que teníamos un tiempo sin saber de su papá y no teníamos cómo contactarlo. Me dijo sin dudar que a mi y aunque me conmoví muchísimo, honestamente pensé que era suficiente con ser su mamá. Que no puedo llenar lo que no me toca, que no puedo ser mamá y papá. La abuela las llevó a casa y yo regresé al trabajo.

Al llegar en la tarde, la mayor me recibió diciéndome que tenía que comprar cartulinas para una exposición para ¡el día siguiente!.  Pensar en volver a salir me daba de todo, le reclamé de mala gana, le dije que ella había podido avisarme antes, ya que seguramente tenía asignada esa exposición desde hacía tiempo. Igual me quité los tacones, salí y aproveché de comprar además de la cartulina, otras cosas que hacían falta para la casa. Al llegar llamé a las niñas, para que me ayudaran con las bolsas, pero el teléfono de la casa estaba ocupado, tuve que subir las bolsas sin ayuda y al llegar les grité, les dije que eran ¡irresponsables y desconsideradas!

La verdad los gritos no eran proporcionales con el incidente o con la cantidad de bolsas que me tocó subir, eran proporcionales quizás, con el agotamiento de llevar la carga de mi familia a solas, pero eso no era culpa de ellas. Ese no había sido mi plan, pero era mi realidad actual. Me sentí culpable por la elección que había hecho de pareja, pero no podía cambiar el pasado, ni el hecho de que su papá fuese su papá. Me sentí culpable por haberles gritado, pero al disculparme con las niñas por la forma dura con la que les había hablado, ellas también me pidieron disculpas abrazándome fuerte y diciéndome que era la mejor mamá del mundo. Sé que no es cierto, pero también sé que hago lo mejor que puedo y eso a veces implica no poder.

Despedimos este post con la sencilla pero verídica frase de Mariela Michelena, psicóloga venezolana, quien nos dice. “una madre normal hace lo que buenamente puede”.